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Un llamamiento apasionado

Por Matthieu Ricard el 12 de octubre de 2009

Recientemente, el Centro Dalái Lama de Canadá organizó una Cumbre de la Paz en Vancouver que contó con la presencia del dalái lama y de otros ponentes y ganadores del Premio Nobel. Una tarde, el cantante de rock e icono de la ayuda humanitaria Bob Geldorf, cuyos conciertos Live Aid han recaudado cientos de millones de dólares para África, hizo este llamamiento apasionado:

«La mayoría de nosotros, cuando presenciamos el sufrimiento ajeno, lo único que podemos hacer es llevarnos la mano al bolsillo. Si lo hacemos un millón de personas, es mucha gente, mucha ayuda y los gobiernos deberían tomar nota. Tenemos que mantener vivos a los niños el tiempo suficiente para que puedan convertirse en los doctores e ingenieros del futuro. Si no lo hacemos, algo se marchitará y morirá en nuestro interior.
Muchos de esos niños no tienen padres por culpa de errores provocados por los humanos, como las guerras. En mi vida, he conocido a personas extraordinarias como la Madre Teresa. Ella me decía que veía el sufrimiento de Cristo en las espaldas cargadas de los pobres. Pero yo no lo veo. Yo no veo a Dios. Yo veo la mano malvada del hombre. Y, si es así, podemos remediarlo, porque si lo hemos hecho nosotros, nosotros podemos deshacerlo. Podemos decir: «¡Basta!» Ese es el síntoma de la pobreza que se revela en la carencia de educación y la mala salud.
Con respecto a la riqueza global, la necesidad sería ínfima si contásemos con la voluntad política. ¿Cuántas veces tendremos que manifestar la voluntad del pueblo a los políticos y decirles: «¡HACEDLO YA!»? ¿Cuántas veces tendremos que organizar coros de niños africanos y conciertos de pop para convencer a los seres humanos de que se unan en la gloria de la humanidad? ¿Qué somos, una sociedad o un circo?
Lo cierto es que la necesidad real representa solo una minúscula proporción de los presupuestos nacionales. En el caso de América, es solo el 0,16 % de la economía nacional. No es que los americanos sean egoístas. Según muestran las encuestas, cuando se les pregunta qué porcentaje del PIB creen que debería dedicarse a la ayuda exterior, los americanos dicen: «El 10 %». Y, cuando se les pregunta si es suficiente, dicen que no. Pero cuando descubren que en realidad es solo el 0,16 %, se sienten consternados».
La Comisión para África ha pedido que se duplique la ayuda en 2010 hasta alcanzar un total de 50 000 millones de dólares americanos. Hace tres meses, un banco privado de Reino Unido recibió 70 000 millones de libras en 30 minutos para evitar la quiebra.
Sin embargo, mil millones de personas se hundirán y salvarlas costaría menos que el rescate de una única empresa privada británica, en un sistema económico que representa más de 50 billones al año. Y una de las economías más ricas del mundo no es capaz de reunir una mínima fracción de ese total. Somos realmente ridículos.
Cuando traicionamos nuestro compromiso con la pobreza, traicionamos nuestro compromiso más sagrado, porque esta traición provoca la muerte de seres humanos.