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¿Paz mediante una guerra?

Por Matthieu Ricard el 29 de octubre de 2010

Hace algunos días el International Herald Tribune publicó un artículo revelador en su portada: «Atacar con dureza a los talibanes para promover las conversaciones de paz.»*
El artículo informaba de que de junio a septiembre de este año, los pilotos estadounidenses habían lanzado 2.100 bombas a los insurgentes talibanes, un 50% más que el pasado año. Esta ofensiva, organizada por el general David Petraeus, se definía como otro medio para conseguir el final de la guerra. Una iniciativa propuesta por la diplomacia estadounidense orientada a «convencer a los talibanes de entablar conversaciones de paz con el gobierno afgano». En resumen, aumentar la guerra para llegar a la paz. Esto me recordó a un general del ejército colombiano que hace unos años hizo las siguientes declaraciones: «Queremos la paz, pero para lograrla debemos destruir a aquéllos que no la mantienen.»**

Sin embargo, la paz no es sólo la ausencia de guerra y admitir una derrota es una versión edulcorada de una paz verdadera. La paz es el proceso activo de parar el odio. Es difícil imaginar que esto se conseguirá con un aumento de los bombardeos. No se desarrolla un espíritu de reconciliación al ser bombardeados ni mientras nuestros semejantes mueren por docenas.

Por otra parte, el diálogo parece la única forma de alcanzar una solución aceptable para todos que provoque que se depongan las armas. Por ello, mientras las causas profundas de recíproco resentimiento no se expongan y se consideren, mientras que el deseo común de alcanzar la paz no nazca de los corazones de las personas, la paz conseguida sólo será un momento de calma en el ojo del huracán. Como dice frecuentemente el Dalai Lama: «Mientras la gente habla de desarme en el mundo entero, cierto tipo de desarme interno es prioritario. A través de la paz interior se puede conseguir la paz mundial.»

* Dexter Filkins, International Herald Tribune, 16-17 de octubre 2014
** General Jose Bonett, citado en un programa de la BBC en 1998.