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Mas allá del especismo

Por Matthieu Ricard el 10 de octubre de 2017

Mr3978

En el siglo XX, a finales de los años sesenta y en los setenta, surgió un nuevo movimiento animal cuyos efectos han continuado creciendo hasta nuestros días. Este movimiento ha sentado las bases para un cambio importante en la actitud hacia los animales en las sociedades occidentales. Medio siglo después de la publicación de la novela de Upton Sinclair, The Jungle, apareció Animal Machines: The New Factory Farming Industry, en la que Ruth Harrison describió una vez más las condiciones abominables que prevalecieron y siguen prevaleciendo en la industria cárnica. Poco tiempo después de la aparición de este libro se formó el "Grupo de Oxford", que reunió a varios intelectuales y figuras públicas alrededor del psicólogo Richard Ryder. Ryder publicó varios artículos y folletos denunciando el abuso del que los animales son víctimas. En 1970, uno de sus ensayos introdujo un nuevo término, "speciesism" (traducido como especismo en español), que él promocionó para llamar la atención sobre el hecho de que nuestra actitud hacia los animales deriva de la misma clase de mentalidad que el racismo o el sexismo. Describió su momento "eureka" como sigue:

"Las revoluciones de los años 60 contra el racismo, el sexismo y el clasismo casi olvidaron a los animales. Esto me preocupaba. La ética y la política en ese momento pasaban totalmente por alto a los no humanos. Todo el mundo parecía estar preocupado por reducir los prejuicios contra los humanos. ¿No habían oído hablar de Darwin? Yo odiaba el racismo, el sexismo y el clasismo, también, pero ¿por qué parar ahí? Como científico de hospital creía que cientos de especies animales sufren miedo, dolor y angustia como yo. Algo había que hacer al respecto. Necesitábamos trazar el paralelo entre la situación de otras especies y la nuestra: un día, en 1970, tumbado en mi bañera en la vieja Sunningwell Manor, cerca de Oxford, se me ocurrió de repente: ESPECIES-ISMO! Rápidamente escribí un folleto y lo circulé por Oxford. "[i]

Al principio, nadie prestó atención a ese folleto, hasta que Peter Singer, un estudiante de Oxford, entró en contacto con Richard Ryder y luego lanzó el concepto de "liberación animal". En 1975, Singer escribió un libro sobre este tema que alcanzó interés internacional. El título del libro, Animal Liberation, se convirtió en el nombre del movimiento. Hubo otras voces que enriquecieron el debate, en particular las del principal teórico del movimiento de los derechos de los animales, Tom Regan, y de los primatólogos Jane Goodall y Frans de Waal, quienes llevaron el movimiento más allá mostrando que los animales sienten emociones muy variadas y complejas, incluyendo la empatía. Más recientemente, también hemos escuchado al escritor Jonathan Safran Foer, y muchos otros escritores hablar de la ética animal, los derechos de los animales, y en general de nuestra relación con los animales.

El surgimiento de las ONGs como actores de la vida social y política en las áreas de medio ambiente, desarrollo, acción social, derechos humanos y derechos de los animales será sin duda recordado como un fenómeno significativo de fines del siglo XX. Según Rémi Parmentier, uno de los fundadores de Greenpeace International, [iii]

Entre las ONGs activas en la protección de los animales hay que distinguir dos escuelas que en la mayoría de los casos coinciden, pero que en otras se contradicen: aquellas cuya misión es la protección de la biodiversidad en un contexto ambiental (Greenpeace, WWF, EIA o Oxfam) y aquellas cuyo mandato es la protección de la vida animal como tal (el IFAW y Sea Shepherd son dos ejemplos representativos). Al final del día, ya sea en defensa de los animales con los que compartimos nuestras vidas o de los ecosistemas que sostienen toda la vida en la tierra, ambas escuelas exigen, cada una a su manera, que reconsideremos críticamente la creencia según la cual la humanidad está en el centro del universo. [iv]

La bondad, el amor altruista y la compasión son cualidades que no armonizan bien con los prejuicios. Restringir el campo de nuestra compasión no sólo la disminuye cuantitativamente sino también cualitativamente. Aplicar nuestra compasión sólo a ciertos seres, seres humanos en este caso, lo hace una cosa menor y más pobre.

No cabe duda de que queda mucho por hacer, pero es irrefutable que el mundo occidental es cada vez más consciente de que no puede pretender defender valores morales decentes y coherentes y al mismo tiempo excluir del campo ético la mayoría de los seres sintientes que pueblan la tierra.


Notas


[i] R. Ryder, "Speciesism Again: The Original Leaflet", Critical Society 2 (2010): 1-2.
[ii] P. Singer, Animal Liberation: The Definitive Classic of the Animal Movement (Nueva York: Harper Perennial Modern Classics, 2009). La primera edición data de 1975.
[iii] Comunicación personal.
[iv] El WWF es el Fondo Mundial para la Naturaleza; la EIA es la Agencia de Investigación Ambiental.