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Liberemos a la mente enjaulada.

Por Matthieu Ricard el 24 de octubre de 2010

Para conseguir este objetivo, debemos empezar calmando nuestra mente inquieta. Nuestra mente se comporta como un mono cautivo que en su deseo por soltarse, queda cada vez más aprisionado en la red.

Del torbellino de nuestros pensamientos, surgen primero los sentimientos. Luego el humor y el comportamiento y, finalmente, los hábitos y características del carácter. Lo que sucede de forma espontánea no tiene por qué producir buenos resultados, al igual que nada garantiza una buena cosecha si echamos las semillas al viento. Por lo que debemos comportarnos como buenos campesinos que preparan sus campos antes de plantar. Para nosotros, esto implica conseguir la libertad dominando a nuestra mente.

Uno de los beneficios potenciales de la meditación es darnos una nueva experiencia del mundo en cada minuto de nuestra vida. Visto así, no parece excesivo dedicar al menos 20 minutos al día a conocer mejor nuestra mente y entrenarla para este tipo de ejercicio. El goce de la meditación podría describirse como la manera más óptima de ser, u otra vez, de genuina felicidad. Esta felicidad real y duradera es un sentimiento profundo de haber explotado el potencial más profundo que todos tenemos para la sabiduría y realización. Trabajar para obtener esta plenitud es una aventura que merece la pena vivir.

Lee ‟Why meditate? (¿Por qué meditar?)”