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Las virtudes de la humildad - 1

Por Matthieu Ricard el 01 de septiembre de 2014

La humildad a veces se menosprecia, se considera una debilidad. La escritora Ayn Rand proclama ‟Desecha los harapos de ese vicio al que tú llamas virtud: humildad”.* El orgullo, sin embargo, la exageración narcisista del yo, cierra la puerta a todo progreso personal, ya que para aprender, primero tienes que pensar que no sabes. La humildad es una cualidad olvidada en el mundo contemporáneo, el teatro de la apariencia. Las revistas constantemente están dando consejos sobre cómo ‟reafirmarte”, cómo ‟causar una buena impresión”, como ‟ser hermosa”, para parecer en vez de ser. Esta obsesión con la imagen favorable que uno quiere presentar es tal que ya ni siquiera nos cuestionamos sobre la apariencia sin fundamentos, sino solo cómo podemos presentar una apariencia más positiva. Sin embargo, como lo escribió La Rochefoucauld, ‟debemos ganar más al dejar que el mundo vea lo que somos que tratar de aparentar lo que no somos”.

La mayoría de la gente asocia la humildad con una falta de autoestima y una falta de confianza en las capacidades propias, cuando no están relacionadas con un complejo de inferioridad. Ellos no reconocen los beneficios de la humildad, ya que si ‟la autoimportancia es el privilegio de los tontos”, la humildad es la virtud de aquel que ha tomado la medida de todo lo que le falta por aprender y el camino que aún le queda por recorrer. La gente humilde no es la gente hermosa e inteligente que se enorgullece al convencerse a sí misma de que es fea y tonta; es gente que a la que no le importa mucho su ego. Al no pensar en sí mismos como el centro del universo, se abren más fácilmente a los demás y están especialmente conscientes de la interconexión que existe entre todos los seres.

* Rand, A. (1992). Atlas Shrugged. Penguin, p. 970.