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La barreta y el tamal

Por Matthieu Ricard el 09 de julio de 2012

Justin Horner, un diseñador gráfico de Portland, Oregon, nos cuenta su historia acerca de la bondad humana:

«Durante este año pasado tuve inconvenientes con coches en tres ocasiones: un pinchazo en la autovía, unos cuantos fusibles fundidos y una vez me quedé sin gasolina. Todo esto sucedió mientras conducía los coches de otras personas, lo que por algún motivo hace que sea mucho peor a nivel emocional. […]

Cada vez que me sucedió algo de esto, me sentí asqueado por el modo en que la gente no se dignó a ayudarme. Me quedé varado al borde de la autovía esperando que apareciera el servicio de emergencia de mi amigo. La gente de la estación de servicio donde pedí que me dieran un bidón para la gasolina me dijo que no podían prestármelo «por razones de seguridad», pero que por U$s 15 podía comprar un bidón realmente malo y sin tapa. Fue suficiente para hacerme decir cosas como «este país se está yendo al diablo».

Pero, ¿saben quién me rescató en las tres ocasiones? Inmigrantes mexicanos. Ninguno de ellos hablaba inglés.

Uno de ellos se detuvo para ayudarme con el neumático pinchado a pesar de que estaba con toda su familia, cuatro personas más en total. Estuve detenido al borde del camino durante casi tres horas con el enorme Jeep de un amigo mío. Puse letreros de «NECESITO UN GATO» en las ventanillas y ofrecí pagar. Nada. Cuando estaba por darme por vencido y comenzar a hacer autostop se detuvo una camioneta y se bajó ese señor.

Se dio cuenta de la situación y llamó a su hija, que hablaba inglés. A través de ella me hizo saber que tenía un gato pero que era demasiado pequeño para el Jeep, así que tendríamos que apuntalarlo. A continuación sacó una sierra de la camioneta y cortó un trozo de un gran tronco al lado del camino. Lo hicimos rodar hasta mi coche, colocamos el gato sobre el tronco y comenzamos a trabajar. Comencé a sacar la rueda y, aunque parezca increíble, rompí su barreta. Era una de esas barretas plegables, no presté atención y le arranqué la parte de arriba. Maldita sea. No hubo problema: el hombre corrió hasta la camioneta, le dio la barreta a su esposa y ella se marchó en seguida a comprar una nueva.

Ambos estábamos sucios y sudorosos. Su mujer apareció con una gran jarra de agua para que nos lavásemos las manos. Intenté poner un billete de 20 dólares en la mano del hombre pero no quiso aceptarlo, así que me fui hasta la camioneta y se lo dí a su mujer del modo más discreto posible. Les dí las gracias a más no poder. Le pregunté a la niña dónde vivían, pensando que quizá les enviaría un regalo por comportarse tan fabulosamente. Me dijo que vivían en México. Habían venido a Oregon para que mamá y papá pudieran recoger cerezas durante las próximas semanas.

Después de despedirme y mientras regresaba al Jeep, la niña me llamó y me preguntó si había almorzado. Cuando le dije que no, se acercó corriendo y me dio un tamal.

Esta familia, indudablemente más pobre que cualquiera que circulaba por ese tramo de la autovía y que estaba haciendo un trabajo de temporada donde el tiempo es dinero se tomó unas cuantas horas de su día para ayudar a un desconocido al borde de la carretera. Pero aquí no termina la cosa. Les volví a agradecer y regresé a mi auto. Una vez allí abrí el envoltorio del tamal (a esa altura ya estaba famélico) y, ¿qué encontré dentro? ¡Mi billete de 20 dólares! Me di vuelta y regresé corriendo a la camioneta. El hombre me sonrío y, con aire de mucha concentración, me dijo en inglés: «Hoy por ti, mañana por mí.» Después subió la ventanilla, puso primera y se alejó, con su hija saludándome con la mano desde la luneta trasera. Me senté en mi coche a comer el mejor tamal de mi vida, y no pude evitar largarme a llorar. Había sido un año difícil; nada parecía salir como yo quería. Esto me pareció tan inesperado que me desbordó.

En los últimos meses desde entonces he cambiado unos cuantos neumáticos, he llevado a varias personas hasta una estación de servicio y una vez me alejé 80 km de mi camino para llevar a una chica hasta un aeropuerto. No quiero dinero a cambio. Pero cada vez que puedo ayudar a alguien, siento que estoy depositando algo en el banco.

Resumen de un mensaje publicado en reddit.com y de una editorial publicada en la New York Time Magazine, 4 de marzo de 2011.

* Tamal: especialidad mexicana, una especie de burrito relleno de carne y vegetales