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Kusinagar, donde el Buda pasó al páranirvana

Por Matthieu Ricard el 12 de marzo de 2011

Kushinagar es el lugar donde el Buda Shakyamuni entró al ‟Mahaparinirvana”, la ‟gran trascendencia del sufrimiento”. Cuando alcanzó su cumpleaños número ochenta y uno, el Buda impartió enseñanzas en el Pico del Buitre de Rajgir. Se fue con su sobrino hacia el norte a Nalanda y luego a Vaishali, un lugar donde, a menudo, se quedaba y donde impartía enseñanzas sobre la verdad esencial, y donde, también, impartió una de sus últimas enseñanzas.

A medida que se acercaba a un lugar llamado Pava, Kunda, el hijo de un herrero, le ofreció una comida que incluía carne. El Buda aceptó la comida, pero le dijo que nadie más debía comer de ese alimento. La razón era que la carne estaba en mal estado y fue la causa circunstancial de la enfermedad del Buda. Había llegado la hora de que el Buda dejara este mundo aunque él tuviera la capacidad para prolongar su vida. Le dijo a Ananda que el mérito por haberle ofrecido al iluminado su último alimento es igual al mérito de haberle ofrecido comida justo antes de su iluminación.

Cuando el Buda y sus seguidores llegaron a Kushinagar, el Buda continuó hasta un bosque de árboles de sala que pertenecían a un comerciante devoto del Buda. En ese lugar, entre dos pares de árboles inusualmente altos, Shakyamuni se recostó sobre su lado derecho en la postura del león con la cabeza hacia el norte.

Cuando se le preguntó al Buda la razón por la cual había elegido a Kushinagar como el lugar para morir, respondió que había tres motivos. El primero era que Kushinagar era el lugar adecuado para enseñar el sutra Maha-Sudassana.
El segundo fue una persona llamada Subhadda, a quien el Buda todavía debía enseñarle y quien, consecuentemente, se convirtiera en arat. El tercero fue que, en Kushalnagar, había un viejo sabio y respetado Brahmín, llamado Doha, que podía meditar entre todos los discípulos y reyes que inevitablemente discutirían sobre cómo compartir las reliquias del Buda.

Los nobles de Kushinagar, informados de la inminente muerte del Buda, se acercaron a rendirle homenaje. Entre ellos, se encontraba Subhadra, un Brahmín de 120 años muy respetado, pero a quien Ananda había separado del monacato tres veces. Sin embargo, el Buda llamó al Brahmín a su lado, le respondió sus preguntas sobre las seis doctrinas erróneas y le reveló la verdad de la enseñanza budista. Subhadra le pidió que se uniera al Sangha y fue, entonces, el último monje que Shakyamuni ordenó. Subhadra, entonces, se sentó cerca a meditar, velozmente alcanzó el estado de arat o arhatship, e ingresó a páranirvana instantes antes que Shakyamuni.

A medida que se acercaba la tercera guardia de la noche, el Buda les preguntó, tres veces, a sus discípulos si tenían alguna pregunta relacionada con sus enseñanzas o con las reglas de la disciplina. Al recibir silencio, dijo lo siguiente: ‟La impermanencia es inherente a todas las cosas. Trabajen en pos de su libertad con diligencia.” Entonces, tras pasar por las absorciones meditativas, el Buda Shakyamuni entró al Mahaparinirvana. La tierra tembló, las estrellas recorrieron los cielos, el firmamento, en las diez direcciones, estalló en llamas y el aire se lleno de música celestial. El cuerpo del maestro fue bañado y vestido una vez más, luego se lo envolvió en más de mil velos y se lo colocó en un ataúd con sustancias preciosas.

Durante siete días, tanto dioses como humanos realizaron ofrendas, después de lo cual, entre flores e incienso y en una gran procesión, llevaron el ataúd al sitio de cremación. Se construyó una pira de madera delicadamente perfumada con aceites aromáticos y aunque varios de los discípulos intentaron encenderla, esta no encendía. Uno de los discípulos del Buda que tenía clarividencia les dijo que la razón era que el gran discípulo Mahakakyapa se encontraba en camino con 500 estudiantes para rendirle homenaje al cuerpo del Buda y que el fuego no prendería hasta que él llegara. De hecho, cuando Mahakakyapa por fin llegó y se prosternó en señal de respeto, la pira se encendió de manera espontánea.

Después de la cremación, se examinaron las cenizas en busca de reliquias. Solamente encontraron un hueso del cráneo, los dientes y las mortajas internas y externas. Al principio, los ‟Mallas” de Kushinagar se sintieron muy afortunados de haber recibido las reliquias del Buda. Sin embargo, los representantes de los otros ochos países que constituían a la antigua India también se presentaron y reclamaron las reliquias. Para evitar conflictos, como les había dicho el Buda, el Brahmín Drona sugirió que se dividieran las reliquias entre ellos, en ocho partes iguales. Los ocho representantes tomaron la parte que les correspondía y se las llevaron de regreso a su lugar de origen sobre las cuales se construyeron ocho grandiosos estupas. Con el tiempo, estas reliquias fueron nuevamente subdivididas después de que Ashoka decidiera construir 84 000 estupas. En la actualidad, estas partes se encuentran en diversos estupas dispersos por toda Asia.

Actualmente, en el lugar donde el Buda alcanzó el páranirvana, en un hermoso parque, se encuentra un moderno santuario erguido por el pandita Nehru, que alberga una gran estatua de color blanco del Buda (ver la fotografía) que fue traída a Kushinagar por el monje Haribhadra, el presunto fundador de la Universidad de Nalanda, durante el reinado del Rey Kumaragupta (415-56 de la era cristiana). Cuando se descubrió esta estatua al final del siglo pasado, se encontraba dañada, pero, en la actualidad, ya está restaurada. A unos cientos de metros de este lugar, se encuentran las ruinas de un gran estupa llamado Ramabhar, el cual indica el lugar de la cremación.
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