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Invertir en un “banco de tiempo”

Por Matthieu Ricard el 06 de marzo de 2015

El éxito de las monedas locales, a la escala de una ciudad o de un barrio, así como de las monedas internas de las empresas y de las monedas regionales, ha demostrado que dicho medio permite que las comunidades desfavorecidas salgan de su marasmo y mejoren considerablemente sus condiciones de vida. El Banco comunitario Palmas, creado por Joaquim Melo en el noreste de Brasil, ha creado una moneda especial para un barrio que no lograba escapar a la pobreza. En lugar de consumir en el exterior, los habitantes comenzaron a comprar internamente, creando de esta manera un círculo virtuoso de economía local que generó trabajo y riqueza. Hoy en día, el 93% de los habitantes hace sus compras en su propio barrio. De esta forma el banco y la moneda de Palmas han permitido la creación de mil ochocientos empleos y más de doscientas cincuenta empresas.

Como reporta Marie-Monique Robin en Crecimiento sagrado (Sacrée croissance! ), su obra más reciente, algunos “bancos de tiempo” han sido creados en Japón, en Canadá y en los Estados Unidos. Estos están destinados al intercambio de servicios, en donde la moneda es el tiempo (contabilizado en horas). El tiempo constituye de esta forma una moneda inter generacional que permite la prestación de servicios a las personas mayores: compras, ayuda a domicilio, etc. Los adherentes (1.8 millones en 2013) reciben créditos horarios a cambio de sus prestaciones, las cuales pueden ofrecer a sus padres (incluso si viven en otra ciudad) o invertir en una cuenta para utilizarlos cuando sean mayores.

Marie-Monique Robin, (2014). Crecimiento sagrado (Sacrée croissance! ), La Découverte.