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¿Es egoísta un acto de beneficencia si también uno mismo se beneficia de ella?

Por Matthieu Ricard el 17 de marzo de 2014

Una acción desinteresada no lo es menos cuando uno está satisfecho al llevarla a cabo. Uno puede obtener satisfacción de un gesto altruista sin que esta satisfacción haya sido el motivo de nuestra acción. Más aún: la persona que lleva a cabo una acción altruista por motivos puramente egoístas se arriesga a sentirse decepcionado cuando no obtiene el efecto esperado. La razón es sencilla: solo una acción benevolente que tiene su raíz en una motivación igualmente benevolente puede hacer surgir una verdadera satisfacción.

Cuando un agricultor siembra trigo en su parcela, es con el fin de cosechar el trigo suficiente para alimentar a su familia. Al mismo tiempo, los tallos del trigo le proporcionan paja. Pero nadie justificaría que el agricultor dedicara un año de trabajo solo para acumular paja.
De acuerdo con el gran maestro tibetano Dilgo Khyentse Rinpoche, el verdadero budista es aquel que ‟nunca espera una recompensa. Responde a las necesidades de los demás espontáneamente, por su compasión natural.

La causa y el efecto son infalibles, así que sus acciones para beneficio de los demás seguramente rendirán frutos, pero nunca cuenta con ellos. Ciertamente nunca piensa que la gente no le demuestra suficiente gratitud, o que deberían tratarlo mejor. Pero si alguien que le haya hecho daño después cambia su comportamiento, eso es algo que le hará regocijarse de todo corazón y sentirse plenamente satisfecho”.

Este concepto de economía interna se relaciona con la noción mal entendida de lo que es el ‟mérito”. En el budismo, mérito no es la acumulación de ‟puntos buenos” por buen comportamiento, sino la energía positiva que nos permite hacer por otros el mayor bien mientras nos sentimos satisfechos con nosotros. En este sentido, el mérito es como una granja que se ha atendido con todo cuidado y de ella se ha obtenido una cosecha abundante, capaz de satisfacer a todos.