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¿Eres la persona más feliz del mundo?

Por Matthieu Ricard el 20 de noviembre de 2009

En realidad es una broma. Por supuesto que es mejor que te denominen la persona más infeliz del mundo, pero esta afirmación no se basa para nada en hallazgos científicos.

Hace algunos años, la cadena de televisión australiana ABC hizo un documental acerca de la felicidad en el que me invitaron a participar. En un momento dado, el comentador anunció: «Ésta es probablemente la persona más feliz del mundo.» El asunto se mantuvo en calma durante un tiempo, hasta que unos años después el periódico inglés The Independent publicó en primera plana una historia acerca de mi titulada «La persona más feliz del mundo». A partir de entonces, las cosas se salieron de control.

El periodista había basado su historia en el hecho de que yo había participado durante varios años en investigaciones en laboratorios de neurociencia en EE. UU., particularmente en las de Richard Davidson en la Universidad de Madison, Wisconsin. Se descubrió que cuando los meditadores de largo plazo se dedicaban a meditar acerca de la compasión, la actividad en algunas áreas del cerebro aumentaban a una magnitud que hasta el momento nunca había sido descrita en neurociencia. Era sabido que algunas de estas áreas activadas del cerebro están relacionadas con las emociones positivas. Más de quince meditadores experimentados mostraron resultados similares, pero yo fui casualmente uno de los primeros en participar del experimento. Eso es todo.

Cuando la historia fue publicada en varios periódicos intente publicar un descargo, pero fue en vano. Le pedí disculpas a mis amigos científicos y ahora trato de tomarme esta afirmación con filosofía y diversión. Cuando me preguntan al respecto, por lo general respondo que cualquiera puede ser el hombre o la mujer más feliz del mundo, siempre y cuándo busquen la felicidad en el lugar adecuado. La felicidad auténtica solo puede provenir del cultivo a largo plazo de la sabiduría, el altruismo y la compasión, y de la completa erradicación de toxinas mentales tales como el odio, el apego y la ignorancia.