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El tercer polo

Por Matthieu Ricard el 19 de mayo de 2009

Los climatólogos chinos han llamado a los glaciares del Himalaya y otras grandes montañas de la meseta tibetana el ‟tercer polo” de nuestro enfermo planeta. ¿Por qué? Existen 40.000 glaciares grandes y pequeños en la meseta tibetana y esta zona se está derritiendo a un ritmo tres o cuatro veces mayor que los polos norte y sur. El derretimiento es particularmente acelerado en los Himalayas debido a la polución que se asienta en la nieve y oscurece los glaciares, haciendo que absorban más luz.

En Bután, investigaciones recientes han demostrado que una represa natural de morrena que separa dos lagos glaciares en la zona Lunana hoy tiene sólo 31 metros de profundidad, en comparación con 74 metros en el 2003.  Si cede este muro, caerán 53 millones de metros cúbicos de agua por el valle de Punakha y Wangdi, causando inmensos daños y pérdidas de vida. Sin embargo, Bután sólo tiene a un glaciólogo, el Sr. Kharma Thoeb, con fondos y tecnología limitados para lidiar con este peligro inminente.

En total hay 400 lagos glaciares en Nepal y Bután que podrían romper sus represas naturales e inundar zonas pobladas en los valles más abajo. Si ocurren estas inundaciones, los glaciares se hundirán cada vez más. Esto causará sequías ya que los arroyos y lagos no recibirán la nieve que se derrita.

Alrededor del 47% de la población de China, India y otro países depende de la cuenca fluvial que proviene de los ríos de la meseta tibetana (Indus, Brahmaputra, Yangtze, Amarillo, Salween y Mekong) para su agricultura, abastecimiento de agua general y, por lo tanto, su supervivencia. Las consecuencias de que sequen estos grandes ríos serán catastróficas.

Durante los últimos seis meses, Nepal no ha tenido ninguna lluvia significativa. A lo largo de este invierno, la majestuosa cordillera de los Himalayas completa se mostró gris y sólo los picos más altos (por sobre los 6000 m) permanecieron cubiertos con nieve.

Están teniendo lugar otros cambios perturbadores en la meseta tibetana. El permafrost que determina el estado hidrológico y nutricional del suelo y su flora también se está derritiendo. Los pantanos, que actúan como esponjas para absorber el agua durante el verano y la liberan en el invierno, regulando el flujo de los principales ríos, están disminuyendo su tamaño. Estas perturbaciones se han visto potenciadas por la intensa deforestación de la meseta tibetana y las laderas de las montañas del Himalaya que, excepto en Bután, han causado que durante los últimos 50 años desaparezca el 40% de los bosques. El resultado han sido inundaciones, avalanchas y desertificación.

Tambien se ha puesto en riesgo al destino de la población local por la relocación y el asentamiento de los nómadas tibetanos impuestos por la administración china. En la provincia de Amdo (Qinhai), por ejemplo, se ha obligado a más de 100.000 familias nómadas a moverse a comunidades permanentes. Tales intervenciones políticas autoritarias se suman a las dificultades de los nómadas causadas por el cambio climático.

Pero conocimientos como estos, por muy ampliamente disponibles y vitales que sean, son inútiles si las autoridades los ignoran. El tiempo para nadar contra la corriente no es en el punto en que llegamos al borde de una catarata escarpada. Parece que la triste respuesta a esta tragedia latente será muy poco y muy tarde. Si no se toman pasos importantes muy, muy pronto, cuando ocurra este desastre, será irreversible, e incluso nuestras lágrimas se secarán.