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El egoísmo no es una forma sabia de buscar la felicidad

Por Matthieu Ricard el 03 de marzo de 2014

El egoísmo no puede considerarse como una manera efectiva de amarse a sí mismo, ya que esa es la causa principal de nuestras frustraciones e infelicidad. Constituye un intento particularmente torpe de asegurar nuestra propia felicidad. El psicólogo Erich Fromm, en forma consistente con el pensamiento budista, aclara lo que es un comportamiento egoísta de la siguiente manera: ‟El amor hacia mi propio ser está conectado inseparablemente al amor hacia otro ser. El egoísmo y el amor propio, lejos de ser iguales, son en realidad opuestos. La persona egoísta no se ama a sí misma mucho, sino muy poco; de hecho, en realidad se odia a sí misma”. La persona egoísta es aquella que no hace nada sensible para ser feliz. Se odia a sí misma porque, sin darse cuenta, hace todo lo posible para hacerse desdichado, y esta falla permanente provoca una frustración interna y una furia que vuelca hacia sí misma y hacia el mundo exterior.

Si el egocentrismo es una fuente constante de tormento, es bastante diferente del altruismo y la compasión. Al nivel de experiencias vividas, el amor altruista está acompañado de un profundo sentimiento de plenitud y, como ya veremos, es también un estado de la mente que activa la mayor parte de las áreas cerebrales relacionadas con las emociones positivas. Uno podría decir que el amor altruista es la más positiva de todas las emociones positivas.
Es más, el altruismo está en armonía con la realidad de lo que somos y lo que nos rodea, el hecho de que todo es básicamente interdependiente. La percepción común de nuestra vida diaria puede llevarnos a creer que las cosas tienen un objetivo y una realidad independiente, pero en realidad, existen solo en dependencia de otras cosas.

Comprender esta interdependencia universal es la verdadera fuente del altruismo más profundo. Al entender cuánto depende nuestra existencia física, nuestra supervivencia, nuestra comodidad, nuestra salud y tantas otras cosas, de los demás y de lo que el mundo externo nos ofrece (medicinas, alimentos y demás), nos es más fácil ponernos en el lugar de otras personas, desearles felicidad, respetar sus aspiraciones y sentirse genuinamente preocupado por el logro de dichas aspiraciones.