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Anécdotas de la vida del gran maestro tibetano Gyalse Ngulchu Thogme (1295-1369) - V

Por Matthieu Ricard el 15 de noviembre de 2012

Hacia el final de su vida, cuando Ngulchu Thogme empezó a mostrar signos de enfermedad, dijo que probablemente ningún tratamiento podría ayudarle, sin embargo, para tranquilizar a todo el mundo, tomó medicinas y permitió que se celebraran ceremonias y oraciones en su honor.

Cuando le preguntaron si existía alguna manera de prolongar su vida, Thogme dijo: ‟Si mi enfermedad beneficia a otros seres, ¡que me bendigan con la enfermedad! Si mi muerte beneficia a otros seres, ¡que me bendigan con la muerte! Si mi buena salud beneficia a otros seres, ¡que me bendigan con la recuperación! Esta es la oración que dirijo a las Tres Joyas. Puesto que tengo la certeza absoluta de que pase lo que pase será una bendición de las Tres Joyas, soy feliz, y aceptaré lo que venga sin intentar cambiar nada.”

Sus discípulos más cercanos le imploraron que considerara si un tratamiento médico, o alguna otra cosa que ellos pudieran ofrecerle, le sería de alguna ayuda.

Pero Thogme respondió, ‟He alcanzado el límite de mis años y mi enfermedad es grave. Ni siquiera los cuidados con medicinas similares a la ambrosía de los médicos más cualificados podrían ayudarme”. Y añadió:

Si este cuerpo ilusorio al que me aferro como si fuese mío está enfermo, ¡dejadlo que esté enfermo!
Esta enfermedad me permite agotar
el mal karma que he acumulado en el pasado,
y las acciones espirituales que ahora puedo realizar
me ayudan a purificar los dos tipos de velos.

Si gozo de buena salud, soy feliz,
porque cuando mi cuerpo y mi mente están bien,
puedo aumentar mi práctica espiritual
y otorgar un verdadero sentido a mi existencia humana
al dirigir mi cuerpo, mi discurso y mi mente hacia la virtud.

Si soy pobre, soy feliz,
pues no tengo riqueza que proteger,
y sé que toda disputa o animadversión
brota de las semillas del apego y la codicia.

Si soy rico, soy feliz,
porque mi riqueza me permite realizar más acciones positivas,
y tanto la felicidad temporal como la definitiva
son el resultado de nuestros actos meritorios.

Si muero pronto, será estupendo,
porque estoy convencido de que, gracias a alguna posible virtud,
entraré en el sendero acertado
antes de que ningún obstáculo pueda intervenir.

Si vivo mucho tiempo, soy feliz,
pues, sin separarme de la cálida y benéfica lluvia de las instrucciones espirituales,
puedo madurar, durante un largo período de tiempo,
el cultivo de las experiencias interiores.

Por lo tanto, pase lo que pase, ¡seré feliz!

Y añadió: ‟He estado enseñando estas instrucciones esenciales a los demás, y ahora debo ponerlas en práctica yo mismo. Así, 'lo que se se conoce como enfermedad carece de cualquier tipo de existencia verdadera, pero en la exposición de fenómenos delusorios, aparece como una consecuencia ineludible de nuestras acciones erróneas. La enfermedad es el maestro que señala la naturaleza del Samsara y nos muestra que los fenómenos, por muy manifiestos que sean, no tienen más verdadera existencia que una ilusión. La enfermedad nos da las bases para desarrollar la paciencia con nuestro propio sufrimiento, y la compasión por el sufrimiento de los demás. Estas circunstancias difíciles ponen a prueba nuestra práctica espiritual. 'Si muero, me sentiré aliviado de los dolores de mi enfermedad. No puedo recordar ninguna tarea que haya dejado inacabada, y más aún, me doy cuenta de cuán infrecuente es tener la oportunidad de que al morir, la muerte sea la conclusión perfecta de la práctica espiritual. Por esta razón no espero ninguna cura para mi enfermedad. Sin embargo, antes de que muera, podéis llevar a cabo todas vuestras ceremonias".

Una mañana, al amanecer, pidió a sus discípulos que le ayudaran a incorporarse un poco, y exclamó: "Me siento increíblemente bien en esta posición, dejadme así".
El maestro permaneció sentado en la postura del loto, con la mente ecuánime, desde esa mañana hasta la noche siguiente. Y en ese estado se encontraba cuando dejó este mundo y partió hacia la felicidad.

Texto extraído de The Heart of Compassion (La esencia de la compasión), escrito por Dilgo Khyentse Rinpoche, Shambhala Publications