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Anécdotas de la vida del gran maestro tibetano Gyalse Ngulchu Thogme (1295-1369) - IV

Por Matthieu Ricard el 05 de noviembre de 2012

Cuando Gyalse Thogme tenía unos treinta años, había un mendigo enfermo, cuyo cuerpo estaba completamente infectado de piojos, que merodeaba cerca de su puerta. Thogme solía darle algo de comida y bebida, cualquier cosa que tuviera, y se lo llevaba por la noche, de manera discreta, para no hacer alarde de su generosidad.

Pero una noche, el pordiosero no estaba en el lugar habitual, y Thogme fue en su búsqueda. Cuando lo encontró, ya despuntando el alba, Thogme le preguntó por qué se había ido.
‟Algunas personas me dijeron que era tan asqueroso que cuando pasaba cerca de ellos no podían ni siquiera mirarme, y me echaron", respondió el mendigo.
Al oír sus palabras, Thogme se sintió tan abrumado por la compasión que se echó a llorar.

Esa noche, llevó al mendigo a su casa y le dio comida y bebida hasta saciarlo. Luego le dio sus propios hábitos nuevos. A cambio, tomó los harapos del pordiosero, se los puso, y dejó que los piojos se instalaran en su cuerpo.

Poco después, parecía que Thogme había sido atacado por la lepra o alguna otra enfermedad. Se sentía tan débil e impedido que tuvo que dejar de enseñar. Sus amigos y discípulos vinieron a verle, preguntándose si estaría enfermo de gravedad. Pronto descubrieron en qué condiciones estaba.

‟¿Por qué no ser un buen practicante de nuevo?", le reprendieron.
Algunos citaron las escrituras: ‟Si tu compasión no es totalmente pura, no des tu cuerpo.”
Otros le suplicaron: ‟Por tu bien y por el nuestro, no continúes con esto, ¡deshazte de esos piojos!"
Pero Thogme respondió, ‟Desde el principio de los tiempos, he tenido numerosas vidas humanas, pero todas han sido en vano. Ahora, aun si tengo que morir hoy, al menos habré hecho algo significativo. No me desharé de los piojos.”

Siguió alimentando a los piojos hasta que se fueron muriendo poco a poco y se liberó de ellos al cabo de diecisiete días. Recitó muchos mantras y dharanis por los piojos muertos, e hizo tsa tsas con ellos.

Todo el mundó se maravilló de la pureza de su mente y de su bondad, y en todas partes se le conoció como Gyalse Chenpo—el Gran Bodhisattva.

Texto extraído de The Heart of Compassion (La esencia de la compasión), escrito por Dilgo Khyentse Rinpoche, Shambhala Publications